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Cuando empezamos a entrenar fuerza —o cuando queremos dar un paso más en nuestros resultados— aparece una pregunta casi inevitable: ¿es mejor entrenar todo el cuerpo en cada sesión o dividir los músculos a lo largo de la semana?

La respuesta rápida sería: depende.

Pero no cierres todavía el artículo, porque precisamente entender de qué depende puede ayudarte a organizar mucho mejor tus entrenamientos.

Durante años se ha asociado el entrenamiento dividido por grupos musculares con las personas experimentadas y las rutinas full body con los principiantes. Sin embargo, la realidad es bastante más interesante.

 

Primero, entendamos las dos opciones

Una rutina full body trabaja los principales grupos musculares dentro de una misma sesión.

No significa hacer veinte ejercicios ni salir del gimnasio sin poder subir las escaleras. Una sesión bien diseñada puede incluir únicamente unos pocos movimientos fundamentales: un ejercicio dominante de rodilla, otro de cadera, un empuje, una tracción y algún trabajo complementario.

La otra posibilidad es dividir el entrenamiento.

Podemos separar tren superior e inferior, organizar días de empuje y tracción o distribuir grupos musculares concretos a lo largo de la semana.

Ninguna estrategia es automáticamente mejor que la otra.

Lo importante es lo que conseguimos al terminar la semana completa, no cómo hemos bautizado cada entrenamiento.

 

¿Cuántos días puedes entrenar de verdad?

Esta es probablemente la primera pregunta que deberíamos hacernos.

No cuántos días te gustaría entrenar.

Cuántos puedes mantener durante meses.

Si dispones de dos o tres días semanales, una rutina de cuerpo completo puede ser una opción extraordinariamente eficiente. Permite estimular los grandes grupos musculares varias veces durante la semana sin necesitar acudir al gimnasio prácticamente a diario.

Imagina, en cambio, que entrenas dos días y decides dedicar uno exclusivamente a pecho y bíceps y otro a espalda y tríceps.

¿Y las piernas?

Ya tenemos un problema.

Cuando disponemos de cuatro, cinco o incluso más sesiones semanales, distribuir el trabajo empieza a ofrecernos muchas más posibilidades.

Por eso la mejor rutina no es necesariamente la más sofisticada, sino aquella que encaja con tu vida y puedes mantener en el tiempo.

 

El músculo no entiende de lunes

Hay algo que me gusta recordar cuando hablamos de planificación.

Nuestro organismo no sabe que hoy es lunes y, por tanto, “toca pecho”.

Lo que percibe son estímulos.

  • Tensión.
  • Fatiga.
  • Recuperación.
  • Adaptación.

Por eso debemos dejar de pensar únicamente en ejercicios aislados y empezar a observar variables como el volumen total de entrenamiento, la intensidad, la frecuencia y la recuperación.

Podemos conseguir excelentes resultados entrenando todo el cuerpo tres veces por semana y también distribuyendo el trabajo muscular en cinco sesiones.

La programación es la que marca la diferencia.

 

Más días no significa necesariamente mejores resultados

Otro error frecuente consiste en pensar que entrenar seis días siempre será superior a hacerlo tres.

No necesariamente.

El entrenamiento es el estímulo que inicia el proceso. Pero buena parte de las adaptaciones que buscamos necesitan también recuperación, alimentación adecuada y descanso.

Si acumulamos más carga de la que somos capaces de asimilar, aumentar las sesiones puede terminar jugando en nuestra contra.

Esto cobra todavía más importancia cuando entrenamos a partir de los 40, 50 o 60 años.

El objetivo ya no debería ser simplemente acumular entrenamiento, sino conseguir la mínima dosis necesaria capaz de producir la máxima adaptación posible.

Eso es eficiencia.

 

¿Qué elegiría si entrenas dos o tres días?

En la mayoría de los casos me inclinaría por un planteamiento full body.

Por ejemplo, una sesión podría construirse alrededor de:

  • un movimiento dominante de rodilla, como una sentadilla;
  • un movimiento dominante de cadera; como un swing

  • un ejercicio de empuje; como unas flexiones

  • uno de tracción; como un remo

  • el trabajo de core; como una plancha dinámica

  • algún ejercicio complementario según tus necesidades.

No necesitas realizar diez ejercicios para cada grupo muscular, solo necesitas seleccionar bien.

Además, este planteamiento tiene otra ventaja: si una semana pierdes un día de entrenamiento, probablemente ya habrás estimulado prácticamente todo el cuerpo en las sesiones anteriores y por lo tanto no dejas descolgado a ese grupo muscular que sufrio tu «falta» al gym.

 

¿Y si entrenas cuatro días?

Aquí aparece una de mis estructuras favoritas: tren superior / tren inferior.

Podemos trabajar, por ejemplo:

Día 1: tren inferior
Día 2: tren superior
Día 3: descanso
Día 4: tren inferior
Día 5: tren superior

Esta distribución permite aumentar el volumen de trabajo manteniendo una frecuencia interesante y dejando suficiente espacio para recuperarnos.

También podemos utilizar esos días para introducir estímulos diferentes: fuerza, potencia, estabilidad, velocidad o trabajo cardiovascular.

Porque estar en forma es bastante más que tener músculos grandes.

 

¿Y las rutinas divididas por músculos?

También tienen su lugar.

Una persona experimentada que necesita acumular bastante volumen sobre determinados grupos musculares puede beneficiarse de una distribución más específica.

El problema aparece cuando copiamos la rutina de alguien que entrena seis días por semana y tratamos de introducirla en una vida en la que apenas disponemos de tres.

La planificación debe adaptarse a la persona.

Nunca debería ser la persona quien tenga que adaptar toda su vida a una plantilla de entrenamiento.

 

No entrenamos músculos, entrenamos personas

Esta idea resume bastante bien mi forma de entender el ejercicio.

Dos personas con la misma edad y el mismo objetivo pueden necesitar programas completamente diferentes.

Una puede dormir ocho horas, entrenar cinco días y tener años de experiencia.

La otra puede trabajar diez horas sentada, dormir seis, tener dos hijos y disponer únicamente de tres huecos semanales de 45 minutos.

¿Tiene sentido entregarles la misma rutina?

Evidentemente, no.

Por eso una buena planificación debería considerar el objetivo, pero también la edad, experiencia, historial de lesiones, disponibilidad, nivel de fuerza, capacidad de recuperación y estilo de vida.

 

Si además pensamos en longevidad, cambia la perspectiva

Cuando el ejercicio deja de ser únicamente una herramienta estética y empezamos a verlo como una inversión en nuestra salud futura, la pregunta deja de ser:

“¿Qué rutina hará que gane músculo más rápido?”

Y aparece otra mucho más interesante:

“¿Qué forma de entrenar puedo mantener durante los próximos veinte años?”

Necesitamos conservar fuerza y masa muscular, pero también potencia, movilidad, equilibrio y capacidad cardiovascular.

Queremos seguir levantándonos del suelo.

Subiendo escaleras.

Corriendo cuando sea necesario.

Jugando con nuestros hijos o nietos.

Viajando.

Cargando una maleta.

Viviendo con autonomía.

Ese es probablemente uno de los mayores retornos que puede ofrecernos el entrenamiento.

 

Entonces… ¿full body o rutina dividida?

Si entrenas dos o tres días, el full body suele ser una magnífica opción.

Si entrenas cuatro días, una división superior/inferior puede resultar especialmente interesante.

Si dispones de cinco o más sesiones, podemos empezar a utilizar distribuciones más específicas dependiendo del objetivo.

Pero ninguna de estas reglas está escrita en piedra.

Hay algo mucho más importante.

Entrena con suficiente intensidad. Progresa. Recupera. Sé constante.

Porque el cuerpo que tendrás dentro de diez o veinte años no dependerá de si los lunes entrenabas pecho o hacías full body.

Dependerá, en gran medida, de haber conseguido algo mucho más difícil:

seguir entrenando.

 

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